La iglesia de España y el Islam

EMILIO GALINDO AGUILAR Misionero de África de los PP.Blancos, 12 años en África en Tierras del Islam, 48 años en España consagrado al Diálogo Islamo-Cristiano, a los estudiantes árabes y afroasiáticos y a la Editorial Darek-Nyumba de tema del Islam.

Será desde esta larga experiencia con el Islam que responderé a las dos siguientes preguntas que me han formulado.

1ª. ¿Te identificas con las posturas que esta tomando actualmente la Iglesia Jerárquica española (hacia dentro y hacia fuera de si misma) o, por el contrario tienes dificultades? Si fuese esto último, ¿por qué?

Al principio de este largo periodo de 48 años la actitud de los Obispos españoles con el Islam y sus hombres fue de lo más positiva. Favoreciendo este espíritu dos circunstancias especiales: por una parte el viento favorable del Concilio Vaticano II que acababa de clausurarse. [Este Concilio nos abrió caminos nuevos para salir de nuestros enclaves religiosos y teológicos y nos convenció de que vivir en diálogo con todas las religiones era una urgencia de nuestro ser de creyentes y una ineludible pedagogía de la Economía del Espíritu] y el empuje profético del Cardenal Tarancón. Incluso la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales nos pidió que nuestra publicación mensual ENCUENTRO ISLAMO-CRISTIANO saliese bajo el patrocinio de esa misma Comisión Episcopal, de la que durante 12 años fui Consultor para los temas del Islam.

Pero a medida que pasaba el tiempo notamos que las cosas con el Islam se iban enfriando y que el Episcopado iba tomando distancias con él. Certero y valiente a este respecto el juicio del Arzobispo de Tánger Mons. Peteiro en diciembre de 2001 dirigiéndose a la Asamblea Plenaria de Episcopado español: “Tengo la impresión de que el Islam sigue siendo una asignatura pendiente para la Iglesia Jerárquica española, que en muchos casos pasa del tema”

Son múltiples, los acontecimientos que revelan ese alejamiento y ese enfriamiento: la negativa a rezar en la Mezquita Catedral de Córdoba con ocasión del 1º Congreso Internacional Islamo-Cristiano de Córdoba pese a que antes se nos había concedido el permiso; la nula colaboración en la publicación de ENCUENTRO ISLAMO-CRISTIANO pese a que salía bajo el patrocinio de la misma Comisión Episcopal y en la que habían colaborado una veintena de Obispos, Cardenales y Patriarcas extranjeros y más de 60 sacerdotes arabistas. Negativa a participar en los Congresos a Distancia a lo largo de sus 36 años de existencia, incluso de los Presidentes de la Comisión Episcopal de las Relaciones Interconfesionales, pese a que eran los primeros invitados y la revista salía bajo el Patrocinio de dicha Comisión. El rechazo para que una editorial de una Institución Católica colabore en la publicación de un libro para la enseñanza del Islam, cosa que no puede ser, según los Obispos, legítimamente entendida como una acción de diálogo interreligioso según es comprendida por la Iglesia desde el Vaticano II, porque favorece la difusión de la mentalidad “relativista” e implica una colaboración directa e injustificada a la difusión del Islam. Y piden que no se siga en el proyecto y que si es posible se retire el libro ya publicado y sobre todo que no se reedite, incluso si se publica sin el sello de la Editorial. Y de estas muchas más, aunque la última y más dolorosa fue la negativa, sin explicaciones, de los Obispos a participar en una encuesta sobre el Islam como ya se hizo a nivel nacional con sacerdotes, religiosos y religiosas, universitarios, españoles en general. ¡Que pena que  la colegialidad que nos regaló e inculcó el Concilio sirva tan pobremente para eso y para imponer el silencio a los pastores que habían comenzado a preparar su respuesta a la encuesta!

Pensábamos que con el Concilio y su clara postura respecto al Islam todo iba a cambiar. Sobre todo con el texto 3º de la Nostra Aetate tan justo y tan cargado de futuro. Pero no ha sido así. Y es que como decía Jiddu Krishnamarti “no es signo de salud el estar bien adaptado a una sociedad enferma”. Y es la enfermedad que tenemos todos y es lo que olvidan y olvidamos. Desde hace más de 5 siglos nuestros jerarcas no se atreven a bajar a Santiago Matamoros de su caballo ni a quitarle la espada de sus manos y sacarlo de los numerosos lugares de culto en que se celebra la Eucaristía y se predica el perdón y el amor. ¡Cosas de otros tiempos decimos!. Pero el Concilio no duda en recordarnos que nuestra sociedad es una sociedad enferma y que “si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos incluida la Jerarquía a que, olvidando lo pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y libertad para todos los hombres. “Nuestros jerarcas están tan bien adaptados, desde siglos, a una sociedad enferma que si le quitan el Santiago Matamoros de sitio se les viene abajo la iglesia que ellos conciben. Que lo mismo cabe decir de la “persecución” que tienen emprendida contra nuestros mejores teólogos y biblistas y los métodos que emplean tan impropios del Evangelio y de las relaciones entre hermanos. ¿Adonde quieren llevar así al Pueblo de Dios?. El dogmatismo debe ser reemplazado por la actitud crítica con el fin de hacer resurgir todas las energías innovadoras ante nuevas situaciones históricas que nuestra adaptación a una sociedad enferma considera como signo de salud.

     2ª. ¿Cómo crees que podría ser y te gustaría que de hecho fuese la Iglesia en España

v  Me gustaría que tanto la Jerarquía, como el resto del Pueblo de Dios, nos esforzásemos por ser como Jesús, el Padre y el Espíritu nos pensaron, amaron y proyectaron. Que todos estemos al acecho de ese proyecto. Y que no nos acomodemos a esta sociedad enferma de la triple idolatría: de la ortodoxia, del miedo y del poder

v  Que se suprima lo que nos hace olvidar que todos somos pobres y hermanos. Que los pobres, de cualquier pobreza, sean los privilegiados y la tarea primordial de todas mediante una justicia que apuntan a las causas y no tanto a los efectos.

Que nunca más los responsables de todas las religiones desprecien a los demás ni azucen a sus seguidores los unos contra los otros en nombre de Dios

Que mediante un examen, sin pretextos ni excusas, la Jerarquía española trabaje, por quitar todos los tópicos, prejuicios, falsedades y ataques al Islam que después de 5 siglos que todavía hoy perduran con toda viveza en la mente y sensibilidad del pueblo de Dios.

Que supriman los modos tan poco ortodoxos que emplean los Jerarcas contra los que buscan en sus estudios teológicos y bíblicos. Métodos tan lejos del espíritu del Evangelio y de las relaciones entre los hermanos ya que no deben olvidar lo que decía Gregorio Nacianceno que “nuestros conceptos crean ídolos, y solo el sobrecogimiento presiente algo más” de la Realidad, algo que nos permite ser invadidos e impregnados por el Invisible.

Que la ortodoxia a lo largo de la historia se ha prostituido en todas las religiones por ese complejo tan humano de creerse poseedora de la Verdad y convirtiéndola en absolutizadora de verdades tan relativas, en enemiga de cuanto ponga en duda sus esquemas, en dura herramienta de poder.

Y que en su próxima vista a España con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud venga como vendría Jesús de Nazaret, dejando toda la parafernalia que durante siglos han cargado sobre el Papado, dejando todo lo que simboliza poder, distancia, sumo pontífice, que nunca más se parezca a lo que el dulce San Bernardo reprochaba al Papa de su tiempo: “que no parecía sucesor del Pedro sino de Constantino”. Entonces su visita, por la que ya rezamos, será una “baraka” del Espíritu que nos deletree lo que Él espera de la juventud, porque a pesar de los pesares, la juventud, toda juventud es mucho mejor de lo que se piensa. Solamente hay que darle la ocasión, confiar en ella, y , sobretodo, amarla.

Emilio Galindo Aguilar

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Las relaciones de Occidente con el mundo árabe. Obama y Bin Laden

NOTICIAS OBRERAS de la HOAC, por medio de su Redactor José Luis Palacios me hace una serie de preguntas sobre el Islam y la insurrección popular de los países árabes. Demasiadas preguntas a mi juicio para un pequeño artículo. Pero como el objetivo era y es arrojar luz sobre lo que está pasando en el mundo árabe, me limitaré a unas cuantas pinceladas que iluminen, pero sin cegar a nadie, sobre ese terremoto democrático que está atravesando ese mundo, sobre el que desde años incontables habíamos sentenciado, sin ningún escrúpulo y de manera absoluta que las ansias de libertad, de dignidad y de búsqueda de un bienestar era una cosa exclusivamente de Occidente. Porque Occidente estaba convencido de que el talante de los musulmanes y la cultura islámica eran incompatibles con la democracia. Aspecto este, que conviene tener muy en cuenta de cara al futuro.

LÁGRIMAS DE COCODRILO: Fue el primer sentimiento que se apoderó de mi viendo la “cruzada” que en tan poco tiempo y tan unánimemente se apoderó de Occidente. No creía lo que estaba viendo. Por obra y gracia de no se que autoridad, pongamos del Presidente de EE.UU, de la noche a la mañana, la sensibilidad, la compasión de Occidente descubre que había tiranos en el mundo árabe que estaban abusando de los Derechos Humanos, con esos pueblos y que de una o de otra manera, por las buenas o por las malas, había que expulsarlos de esos países. Y cuanto antes mejor.

Lágrimas de cocodrilo, como si esas autoridades de Occidente no supieran que esos pueblos llevaban decenas de años padeciendo toda clase de abusos o atropellos de esos lideres puestos directa o indirectamente y sostenidos, por todo los medios, por esos que ahora, de la noche a la mañana se han convertido en enemigos de sus pueblos, en refinado terroristas, ladrones de las riquezas de sus gentes que se encargaban del trabajo sucio para asegurar los intereses de los poderosos. Gaddafi en Libia estaba en el poder desde hace 42 años, Hosni Mubarak en Egipto desde hace 30 años, Ben Ali en Túnez desde hace 24 años, Ali ben Saleh en Yemen desde hace 20 años ¡Y Americanos y Occidentales no se habían enterado de nada de lo que hacían!

LA CASA POR EL TEJADO: Y emprendieron una cruzada mentirosa porque no buscaban resolver humanamente el problema sino defender sus intereses como lo han hecho con el resto del mundo árabe y otros países, aunque esta vez, para que no sucediera como en la guerra de Irak, que se lanzaron a ella sin el consentimiento de la ONU, esta vez ellos se concedieron a si mismos un permiso del Alto Organismo pero sin haber preparado el modo ni los objetivos.

Escribieron en esa “Declaración” que vigilarían la incolumidad y la seguridad de la población civil, pero eso no se ha cumplido a menos que aquí también, como en Irak consideren esas muertes como efectos colaterales. ¡Como si fuese posible utilizar el armamento de muerte empleado en Libia sin faltar a esas muertes de civiles. Las revueltas árabes, aunque diferentes, huelen y mucho a prisa y precipitación. Bien lo vio Benedicto XVI el 20 de marzo del 2011 cuando viendo el cariz de la decisión de Occidente del uso de las armas dijo: “En los momentos de mayor tensión se hace más urgente la exigencia de recurrir a todos los medios de que dispone la acción diplomática y de sostener también la más débil señal de apertura y de voluntad de reconciliación entre todas las partes involucradas en la búsqueda de soluciones pacíficas y duraderas”. Por eso dirigio “un ardiente llamamiento a los organismos internacionales y a cuantos tienen responsabilidades políticas y militares para una inmediata puesta en marcha del diálogo que suspenda el uso de las armas…y se privilegie el camino del diálogo y de la reconciliación en la búsqueda de una convivencia justa y fraterna”. Pero se escuchó más a las armas que matan que al diálogo y a la convivencia que dan vida. Pero ellos, el Occidente que tanto habla de libertad y de derechos, pero de hecho desconocen los Tratados Internacionales, los Pactos y Protocolos que firman pero no cumplen ninguno de los acuerdos.¡ Cuan acertadas las preguntas del Premio Nobel de la Paz (1980) Adolfo Pérez Esquivel en carta de amigo al también Premio Nobel de la Paz Obama, presidente de los EE.UU.

¿Cómo puedes hablar de la Paz si no quieres cumplir con nada salvo los intereses de tu país?

     ¿Cómo puedes hablar de libertad cuando tienes en las cárceles a prisioneros inocentes en Guantánamo, en los EE.UU, en las cárceles de Irak, como la de Abu Graib y en Afganistán?

     ¿Cómo puedes hablar de libertad cuando masacras a los pueblos de Oriente Medio y propagas guerras y torturas, en conflictos interminables que desangran a los palestinos e israelíes?

Esas lágrimas de cocodrilo nos hacen dudar mucho de esa “cruzada” tan ficticia emprendida en Libia porque les falta la coherencia esencial entre lo que dicen y lo que hacen. Esa desunión y desorientación que constatamos en esa “cruzada” nos prueban que no jugaban limpio.

A LA RAÍZ: Estos “cruzados” de Occidente con el Emperador americano a la cabeza, arrancaron con prisas, olvidando el diagnóstico que hace Jiddu Krishnamurti y sin tenerlo en cuenta para nada, y eso es condenarse al fracaso: “No es signo de salud el estar bien acomodado a una sociedad enferma” Porque esa es la escalofriante realidad de nuestro mundo, especialmente de Occidente. Enfermedad que tenemos todos y en la que nos acomodamos sin ningún sobresalto interior. Hacemos nuestro el juicio certero y el diagnostico urgente de Tomas Merton cuando decía: “La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atascan nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masa. Sin esa limpieza doméstica no podemos comenzar a ver. Y si no vemos no podemos pensar”

Esa enfermedad que arrastramos desde siglos se acentúa de modo especial cuando se trata de los conflictos mundiales actuales que un vergonzoso privilegio que se atribuyen los poderosos de los EE.UU y al que obedecen con más o menos interés las grandes de Occidente. Y es lo que los Americanos llaman la Quinta Libertad según la cual, como asevera Noam Chomsky: “Cuando en nuestras posesiones se cuestiona la quinta libertad, la libertad de saquear y explotar, los EE.UU suelen recurrir a la subversión, al terror o a la agresión directa para restaurarla. Y todos sabemos que esa Quinta Libertad no se discute y que no es solo una elucubración mental, sino que son cientos de miles sus víctimas, a lo largo y a lo ancho del mundo. Ley que va contra el principio ético universal de no matar. Desprecio a los acuerdos internacionales que prescriben la prisión, el juicio y el castigo del acuerdo. En ese caldo de cultivo se relativizan todos los valores en función de los intereses del más poderoso. De ahí viene ese derrumbe de valores en todos los campos de lo humano que observamos por doquier. Ese mal ejemplo de los poderosos es la raiz de nuestro mundo a la deriva. Es el ejemplo que nos han ofrecido en Pakistan con el asesinato de estado de Bin Laden. Con él no se ha hecho justicia sino venganza. ¡Y eso a los ojos de todo el mundo! El mal ejemplo se ha visto por doquier pese a las mentiras y habilidad de los técnicos por ocultar el crimen, buscándose además una solemne mentira para hacer desaparecer el cadáver llevándolo a “enterrar” al mar de Arabia, para ocultarlo a médicos y forenses. Esa es la raíz de la enfermedad de la que tenemos que curarnos todos volviendo con fuerza y con hechos al valor permanente que nos curará de todo ese relativismo inhumano mediante una vuelta al hombre. Porque queriéndolo o no, lo nuestro es el hombre, todo el hombre, todos los hombres, por encima de ideologías y credos, de lenguas y razas, de estructuras y política y sobre todo de intereses sucios y de poderes inhumanos. Pero el hombre sin plural, por ser creado en serio y no en serie; libre de cuanto le impida, aun en nombre de la religión o de cualquier ideología, ser el mismo; solidario con todos y con todo, sin frontera alguna, ni interior ni exterior, formando la comunidad de la esperanza.

EL PROBLEMA PARA EL FUTURO: Queda casi todo por hacer de cara al futuro en estos países. Y una pregunta inexcusable porque el problema no es tanto que van a hacer los países como Túnez, Egipto y los que vengan después a esta ronda de pueblos nuevos, sino qué les van a permitir hacer. Porque esos pueblos quieren cambiar, tienen derecho a cambiar, pero ¿lo quieren también los que hasta ayer protegían y amparaban a sus tiranos? Sobre todo si en medio se encuentra el petróleo, los diamantes, el alcotan, etc… Más que lo que van a hacer que lo saben bien (recuperar su dignidad pues quieren ser ciudadanos con plenos derechos y con poder de decisión en su país; defender su identidad fruto de la independencia y de sus fronteras geográficas, culturales y humanas; replantearse el papel del Islam como elemento aglutinador, mediante una sana laicidad que no frene sus ansias de dignidad y de libertad) un “aggiornamento” que les permita elevar a pleno rendimiento el verdadero humanismo islámico que existe pero que  todavía frenan sus propias y anquilosadas autoridades que aceptarán los poderosos para el futuro de estos y tantos otros pueblos de este mundo enfermo y a la deriva.

Emilio Galindo Aguilar

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El autor se confiesa: A la sombra de la Alhambra, algunas aporías del Islam

El autor se confiesa: Emilio Galindo Aguilar

A LA SOMBRA DE LA ALHAMBRA Y ALGUNAS APORÍAS DEL ISLAM

Cuando se ha nacido a la sombra de la Alhambra y en ella se ha bebido el agua que viene directamente de Sierra Nevada y se ha correteado por los salones de los palacios nazaríes, antes de la “invasión de los turistas” queda uno irremediablemente marcado para siempre. Por eso, puedo decir, que todo lo que vino después en mi vida de misionero en tierras del Islam no ha sido más que la consecuencia lógica de algo muy personal, muy vivido. En esa experiencia de la Alhambra y años más tarde en Córdoba, a la sombra de la Mezquita catedral, estudiando filosofía, comencé a descubrir, sin tópicos ni prejuicios, el hondo mundo del Islam, el rico caudal de lo árabe, la increíble riqueza que fue la historia de Al-Andalus. Mi trabajo y mis publicaciones me han seguido, como la sombra al cuerpo. Hoy me piden los amigos de FRONTERA que escriba estas líneas sobre esa doble realidad: vida y publicaciones.

PARA NO TENTAR AL DIABLO

Fue en 1953 que terminando mis estudios de Teología fui ordenado sacerdote, junto con 36 otros compañeros de diversas nacionalidades en la Catedral Primacial de Cartago, que desde la colina de Birsa en que se ubica se asoma a la incomparable bahía de Cartago.¡Qué vaivén de vida y de personas han visto sus aguas! Y cuando yo pensaba que mis superiores me nombrarían a una misión del África subsahariana, me envían a hacer un Doctorado en la Universidad Gregoriana de Roma. Me sirvió de lazarillo en esos momentos oscuros la sabiduría popular, que casi siempre acierta, cuando repite que “Dios escribe derecho con renglones torcidos” Aunque a veces también y cuando uno se topa con esa escritura de Dios tan torcida dan ganas de gritar: “Desde el tiempo que Dios escribe nuestra vidas y nuestros caminos, ya podía haber aprendido a escribir “como Dios manda”.

Intencionadamente escogí como autor para mi doctorado a Avicena que encarna al intelectual medieval universal nacido en 980 en la provincia de Bujará (Turquestán). En sus numerosas obras, más de 245 títulos, Avicena toca todos los campos del saber de us tiempo desde la Metafísica, la Lógica, la Sociología y la Filosofía Practica hasta la Teología, la Ascetica y las Mística. Su Canon de Medicina servirá de manual a la Medicina de Europa hasta bien entrado el siglo XVII. Maestro de Maestros, los grandes pensadores escolásticos San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Duns Escoto, Roger Bacón etc… recibieron el influjo del pensamiento aviceniano. En sus obras Avicena trabajó por conciliar el dogma coránico con un racionalismo aristotélico matizado de neoplatonismo. Personalmente preocupado por el hombre, dentro de ese gran mar filosófico de Avicena, mi tesis versó sobre “La antropología de Avicena a la luz de su cosmogonía emanatista”.

Después de esos tres años romanos pasé de nuevo a Túnez en donde consagré totalmente dos años más al estudio del árabe clásico, del Corán y de la Islamología. Se trataba de preparase a esa delicada misión lo mejor posible pues el Islam es una religión de hondo calado y rica en doctrina y en hombres. De esa doble experiencia sacaré mas tarde también inspiración y horizontes para mi trabajo con el Islam y los musulmanes. Se trataba de prepararse bien “para no tentar al diablo”.

LA LEY DEL OBSTÁCULO

Terminados estos cinco años de estudio especiales, pensé que todo estaba listo para emprender mi trabajo y mi misión con el Islam. Pero muy pronto me di cuenta que lo más importante, y lo más difícil también estaba por llegar. Y esto fue descubrir lo que en psicología profunda llamábamos la “ley del obstáculo”, en mi caso, este obstáculo era el Islam tal como ciertas autoridades y sabios lo entendían con el Islam. Esta ley me decía que en un país musulmán no podía hacer nada de lo que tradicionalmente hacían los misioneros: Anunciar a Cristo, bautizar, celebrar los misterios cristianos, crear comunidades nuevas con el espíritu de Jesús…Esto ya me lo decían y repetían los demás: que la misión con el Islam es una misión imposible, que misión e Islam eran una contradicción en los términos. Como me lo decía gráficamente aquel hombre bueno y amigo enterado de a donde me enviaban: “A Ud. le ha tocado bailar con la más fea”. Y como un alud de noche africana, la pregunta que nadie me respondía: “¿Qué hacer y cómo hacer cuando no se puede hacer lo que siempre se hace? Porque lo grave del asunto no era el hecho de esa imposibilidad sino la explicación que la gente, y especialmente el alto y bajo clero, daban de esa imposibilidad: “el Islam es refractario a la misión”, “el Islam se opone hasta violentamente a la misión” “en el Islam son rarísimas las conversiones”.

Lo que nadie me explicaba era de qué Islam se trataba porque Islam como Cristianismo había mil y uno, como las famosas noches. Ni tampoco fueron y son las causas de esa actitud. Porque las cosas no suceden porque sí. A lo mejor venía de la altivez y prepotencia de los misioneros que les privaban de reconocer la fe de un pueblo con hondos y milenarios valores religiosos, o de las “amistades peligrosas” de la misión con los agentes del colonialismo que se imponían sin respeto, o sencillamente del juicio constante y negativo contra el mensaje coránico, etc… O quizás, como estima el estupendo escritor marroquí y premio Goncourt de las Letras Francesas Tahar Ben Jellum “el Islam ha sido desviado y apartado de su mensaje de paz para convertirse, en determinados países, en una ideología de combate contra Occidente. Es más fácil fabricar un fanático que un intelectual que piensa, que duda y debate. En la actualidad, resulta difícil debatir a propósito del Islam y de sus relaciones con el otro, con Occidente. El mundo musulmán reacciona con esta virulencia porque no se ha sosegado, porque no es feliz”, porque constata como los musulmanes son maltratados y humillados en ciertos países. “Descentramiento, desviación ¿No fue algo parecido a lo que pasó al Cristianismo con el emperador Constantino, que no fue él quien se hizo cristiano, sino el Cristianismo el que se hizo Constantiniano, desviándose de su verdadera vocación?

Decir, como decimos, sin el menor escrúpulo, que el Islam es reacio a la conversión, al diálogo, a la escuela del Espíritu sería como aceptar que 1.200 millones de seres humanos, tan amados por Dios como los demás, por el hecho de ser musulmanes, son impermeables a la acción del Espíritu, inspirador, animador y vivificado de los hombres y de sus caminos. Eso sería el peor baldón al Islam y firmar su acta de defunción como religión verdadera. Porque sin el Espíritu, Dios está lejos, las Escrituras todas son letra muerta, las religiones una simple organización, las autoridades una dominación, el culto una evocación, el obrar religioso una moral de esclavos, la misión una propaganda. ¿Acaso el mensaje del Islam lleva a eso? ¿O son más bien las circunstancias culturales, políticas, sociológicas, religiosas, hábilmente manipuladas en todas las religiones las que han llevado ahí? ¿En qué se basan, por ejemplo, los cientos de sacerdotes, religiosos  y religiosas españoles para responder en una encuesta sobre el Islam en octubre del 2000 en que se ofrecían 15 adjetivos positivos y negativos mezclados para que subrayasen los tres adjetivos que mejor correspondían a la idea que se hacían del Islam, según ellos, respondían que Fanático (46,81%) Machista (26,71%) Fundamentalista (26,48%). Y acentuaba más esta visión tan negativa sobre el Islam que, como revela la misma encuesta, lo poco que habían leído sobre el Islam y menos aún el escaso contacto que habían tenido con musulmanes. ¿De dónde les vienen estas ideas tan negativas del Islam? ¿Acaso se nos ha olvidado a todos la doctrina moral clásica de que pronunciar falso testimonio contra el prójimo, contra la religión del hermano, es pecado?

LA MISIÓN IMPOSIBLE

Comencé mi trabajo misionero en Túnez. La aporía de la Ley del Obstáculo y la misión imposible me seguían como una nube negra. Pero iba seguro de que la mejor manera de exorcizar las aporías era comenzar por la cabeza. Comencé en el IBLA un instituto fundado por los Padres Blancos donde se cocía el pan tierno del diálogo islamo-cristiano. Entre otras e importantísimas tareas estaban los jóvenes estudiantes. Cientos de estudiantes argelinos que a causa de su guerra de  liberación se refugiaron en Túnez y los cientos de estudiantes tunecinos que en los primeros años de su independencia necesitaban también ayuda. Ese era mi primer terreno de misión. Y allí me entregué, siguiendo el espíritu y la letra del gran Sócrates, pedagogo de Occidente, que, con su estilo mayético, concebía la tarea de enseñar como la de la comadrona: la que ayuda a dar a luz, pero el hijo lo pare la madre. Aquí no valían las aporías religiosas. Esa enseñanza de bachillerato se daba en parte en los locales del IBLA y eran seguidos principalmente por jóvenes del entorno del IBLA en plena kasba. Durante varios años enseñe la filosofía del bachillerato francés también  para esa labor: un colegio “El Menzah” para los estudiantes de las tres comunidades, musulmanes, cristianos y judíos de los barrios económicamente pobres, y un colegio cuando expresamente era enseñanza de bachillerato francés. También en un Colegio construido expresamente por los Padres Blancos “El Menzah”para alumnos de las tres comunidades religiosas: musulmana, cristiana y judíos en donde daba un curso de Formación Humana de cuyas notas publiqué un libro JUVENTUD REBELDE que a través de sus 29 pequeños capítulos en sus 288 páginas se ofrecía en un estilo vivo y juvenil una verdadera síntesis de lo que puede ser un tratado de Formación Humana que va desde “el encuentro consigo mismo” hasta el encuentro con Dios, pasando por los temas del conocimiento, la voluntad, el amor, la solidaridad, la esperanza…Todo él estructurado alrededor del hombre, convencido de que lo que en definitiva cuenta es el sustantivo hombre no los adjetivos que le podamos colgar.

Lo nuestro ayer y hoy era y es “el hombre, todo el hombre, todos los hombres, por encima de ideologías y credos, de lengua y razas, de estructuras y políticas…”Como reza nuestro Credo del hombre. Y la moraleja sin discusión: si se trabaja con honradez por el hombre las aporías y las sospechas desaparecen. Que estabamos en el camino exacto lo prueba el éxito que ha tenido el libro. De él se han hecho ocho ediciones en español, siete en árabe, dos en francés, una en portugués, inglés, swahili. Las fronteras de mi misión se han extendido más allá de lo esperado.

Pero Túnez fue solo un ensayo. Destinado a Madrid continué con esta labor pedagógica comenzada en Túnez, porque el problema de los emigrantes era el mismo. Con ese fin en 1969 creamos un Centro con una triple finalidad y actividad: En el Centro de estudiantes árabes y afroasiáticos se enseñaba el español y el árabe literario moderno. Hasta diciembre de 2009 han seguido dichos cursos 10.286 alumnos de español de 115 países y 3.298 alumnos de árabe de 38 países. Este último en parte dedicada a la parte española de los Matrimonios Mixtos, porque toda nuestra actividad y proyecto se inspiraron siempre en la obediencia a la realidad, en la convicción de que la sumisión a ella está siempre el más seguro y el mejor indicador de por donde hay que ir, con hechos no con palabras. Y el hombre siempre como santo y seña, porque “si apuestas tu vida, de verdad, por el hombre, aunque no sepas adonde vas, irás, siempre en la buena dirección”.

En segundo lugar es un Centro de Dialogo Islamo-Cristiano para el que se creo la Editorial Darek-Nyumba con tres colecciones de publicaciones:

1-Encuentro Islamo-Cristiano: convencido que la ignorancia es la primera dificultad que encuentra el diálogo con el Islam. Comienza su publicación en 1972 y termina en diciembre 2008. Se han publicado en sus 36 años 440 números monográficos que constituyen un instrumento para estar al corriente en sus cuatro temas: Islam en si mismo, Islam y mundo actual, Islam y Cristianismo e Islam español en el que han colaborado más de 250 firmas de la islamologia nacional y extranjera, tanto musulmana como cristiana. Con ocasión de su cese la Fundación Proconcil y la Fundación SM se han encargado de su digitalización con el fin de ponerla al servicio de cuantos hispano parlantes quieran aprovecharse de ese instrumento de calidad sobre el Islam. En este mismo orden de cosas entra la publicación dirigida por E.Galindo de la Enciclopedia del Islam aparecida en 2004 que viene a llenar un vacío en nuestro panorama bibliográfico.Enciclopedia de más de 600 páginas. Constituye un instrumento muy útil que introduce con objetividad y solvencia en los conceptos hacia el Islam con pleno respeto de lo que fue, es y quiere ser el Islam.

2-Congresos a distancia: Reúnen la reflexión cualificada, libre y valiente de los mejores especialistas musulmanes y cristianos sobre los temas candentes de las relaciones entre el Islam y el Cristianismo.

3-Otras Aguas Vivas: Colección que ofrece la selección y traducción más escrupulosa sobre temas monográficos de espiritualidad de los más significativos y mejores textos sufíes.

Al-Andalus: la ignorancia respecto al Islam comenzaba también con nuestros más de ocho siglos Andalusíes. Para remediar a ello la colección Pliegos de Encuentro ha publicado hasta hoy 28 números monográficos sobre tema Andalusí.

Todos estos trabajos de la Editorial Darek-Nyumba pueden verse en nuestra página Web: www.dareknyumba.com

Y una moraleja esperanzadora: cuando la Misión está centrada en el hombre y a su servicio, no hay misión imposible y el servicio al hombre es nuestra primera y principal misión ¿No vino Jesús por nosotros los hombres y por nuestra liberación? El Islam no es un obstáculo de verdad.

LA AMNESIA, PROHIBIDO EL PASO

A Dios no se le posee, se le busca. El olvido o amnesia de esa realidad es la que mas se ataca a las religiones y a los propios creyentes. Las estructuras religiosas son solo situaciones provisionales que condicionan pero que solo deben conducir a Dios. Son caminos, no metas. Cuando una religión, la que sea, se hace meta de si misma o de alguna de sus circunstancias ha desplazado a Dios. Que por eso, y partiendo de ahí, podemos afirmar sin titubeos que una manera segura de no llegar a Dios, es instalarse en una religión, hacer de la religión Dios y pretender diabólicamente quedarse con su gestión y su exclusivo monopolio, excluyendo a las demás religiones.

Y eso es lo que, en estas décadas en el camino hacia el Islam he encontrado. Por doquier me he topado con toda clase de aporías. Aporías que, en el sentido más concreto y carnal de la palabra, significaba “dificultad de pasar adelante, stop y frenado, prohibido el paso. “Y que en el plano de las ideas la aporía es la dificultad lógica que presenta un problema especulativo y que obliga, no solo a parar sino incluso a suspender el diálogo so pena de terminar como “el rosario de la aurora” o peor. Ocurre esto cuando la aporía se ha interpuesto en el camino de la experiencia de lo divino y se ha quedado prisionera de sus estructuras y doctrinas, como si tuviese miedo a continuar la búsqueda de Dios, por lo que pudiera pasar. Como si seguir el camino, buscando a Dios, comprometiese demasiado y pusiese en bancarrota su ego idolátrico. Instalado en una religión, la aporía nos posee y poseídos se pierde el gusto y las ganas del camino, se instala uno en la feria de las religiones, y vive seguro de sus rentas.

Podemos resumir en tres las principales aporías o incoherencias del Islam, el Cristianismo y del Judaísmo que en manos casi siempre pueriles del ego humano han frenado la búsqueda de Dios.

  • La creencia de la supremacía de la propia religión sobre el resto. Hecho relacionado con la necesidad de reafirmación del ego a través del sentimiento de superioridad.
  • El deseo de imponer la religión que se profesa a otros individuos y culturas, en relación con el deseo de imposición del ego como reafirmación.
  • La literalidad en la lectura de los libros sagrados y la inadaptación a los nuevos tiempos y exigencias.

Olvidando todas la gran verdad de que no hay más divinidad que Dios y que lo

que importa no es qué religión profeso, sino, como reza el salmo de Abu al-Fadl:

“¡Señor! un día visito la iglesia, otro día la mezquita; pero, de templo en templo,

sólo a Ti voy buscándote.”

LA PROCLAMACIÓN SIN APORÍAS

Mas que nunca sentí la necesidad de proclamar una verdad que nos extraña y hasta nos escandaliza, pero que es el kilómetro cero del verdadero diálogo de todas las religiones y de todos los creyentes y que las religiones se resisten a proclamar por miedo un relativismo que llevamos más acentuado por el principio de que “fuera de mi revelación no hay salvación”. Eso ha sido lo que el trabajo de los teólogos ha ido llevando a cabo, desde la teología de las religiones a la teología del pluralismo religioso que se interesa por las religiones en su positividad histórica, en lo que las constituye. Porque tenemos en cuenta que existe desde el comienzo de la historia una presencia del Espíritu una economía del Espíritu. Proclaman la convicción fundamental de que todas las religiones son verdaderas. Y como explica Torres Queiruga: decir que toda religión es verdadera en el sentido de que su esencia consiste justamente en el descubrimiento fundamental de que no estamos solos en el mundo, de que nuestra existencia está fundada y amparada por una Realidad más alta que nosotros y que el mismo universo, de la cual, en diversas formas esperamos la salvación definitiva. Como resume Torres Queiruga “Bajo el principio de que todas las religiones son a su modo y su especifica medida-verdaderas y desde una concepción mayéutica de la revelación, se me ha hecho claro algo fundamental: la radical y fraterna comunidad de todas las tradiciones religiosas. Respuesta humana el Universal Amor de Dios, sin elecciones ni privilegios por su parte, todos deben buscar la máxima comunión posible. Solo compartiendo lo que creen mejor, en un diálogo lleno de respeto y siempre dispuesto a decir y recibir, pueden ir acercándose a la inagotable riqueza del Misterio. “(ver Torres Queiruga: Dialogo de las Religiones p.9-10)

¿Y SI EL ISLAM FUERA OTRA COSA?

Esta ha sido la pregunta que me he hecho durante decenios y que he planteado a cuantos me han salido al camino en mi vida, en mi trabajo, en mis publicaciones y casi siempre o por lo menos con harta frecuencia, siempre se me ha respondido con los tópicos habituales: fanático, machista, fundamentalista…Y he seguido planteando la misma pregunta a todos porque los tópicos y prejuicios son siempre y en todas partes los mismos. Y ahí sigue la pregunta, como su propia etimología proclama, como un estoque o aguijón clavado en el alma, como una banderilla de fuego para despertarnos de siglos de inercias negativas y exclusivismos, como una invitación a un esfuerzo de intercambio, de diálogos, de búsqueda verdadera que nos lleve a no olvidar que musulmanes y cristianos y los demás creyentes, vivimos y existimos en Él, que todos rezamos a la misma Presencia, suspiramos por la misma Lejanía, nos calentamos al mismo Fuego, como hermanos liberados y libres de fronteras de doctrinas y de amenazas de escrupulosos inquisidores, vivimos repitiendo la vieja constatación de los caminantes de Emaus, los caminantes de siempre que somos todos los hombres: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el Camino?”¿Cuándo acabaremos con tantas fronteras religiosas? ¿Cuándo aprenderemos las palabras de los creyentes en el mismo y único Dios de todos?

LO QUE  ACABA CON TODAS LAS APORÍAS

Hay que haber buscado por los caminos de todas las religiones, haber implorado más y más al Espíritu de todos pidiendo luz y esperanza, haber llorado todas sus lágrimas en las noches de su caminar, haber exorcizado todos los ídolos que en la búsqueda, como vulgares aporías cerraban el camino para llegar a entender y saborear el siguiente texto que ofrecemos a los creyentes de todos los credos. Es uno de los mejores textos de los que he leído en estos 60 años en mi caminar de creyente con el Islam. Y pienso que todas las religiones deberían tenerlo muy a mano como se tiene un testamento de vida y aprenderlo de memoria. Su autor es el español universal, nacido en Murcia en 1165, el gran maestro, peregrino de todos los caminos. Un Ibn Arabi que diagnostico con total acierto el mal que aqueja a todos los hombres cualquiera que sea su religión y señala el único remedio que existe: el amor que es su credo y su fe.

Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo, si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formases pradera de las gacelas y  claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy adonde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi credo y mi fe”

EL AGUA EN EL MANANTIAL

Lo normal, cuando uno quiere saborear el agua se va al manantial y no a los desagues de las ciudades. De igual modo cuando se quiere saber saboreando lo que es una religión nos vamos a los mejores testigos de la misma. Así para saber lo que es el Cristianismo acudimos a los que representan el mensaje Cristiano: Pablo de Tarso, Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y tantos más.¿Por qué cuando queremos saber lo que es el Islam, no hacemos lo mismo y vamos, como por instinto, a los que han sido sus mejores testigos, que a parte de que son un número considerable y muchos han tenido una influencia determinante en algunos de nuestros mejores místicos cristianos? Así por ejemplo Ibn Arabi, Rabiá Hallay, Runmi, Bistami, Yunus Emre y un largo etcétera.

Hemos perdido tanto tiempo los unos y los otros criticando la religión del otro, subrayando sus fallos, haciendo una exégesis despiadada de los textos que justificasen nuestros prejuicios, arrancando las páginas y los textos que nos daban la raíz y el meollo del Islam.¿Para cuando dejamos el consejo evangélico de tratar a los demás como quisieramos que ellos hiciesen con nosotros? ¿Qué nos echamos al bolsillo así haciendo? ¿Acaso el Islam no está bajo el mandamiento de no pronunciar falso testimonio contra el prójimo?

Emilio Galindo Aguilar

NOTA: Este artículo apareció en la revista FRONTERA en su número 54 de abril-junio de 2010. Lo presentó en dicha revista su director Casimir Martí en su “Carta del Director” p.5-11 con estas líneas: “Finalmente cabe destacar en Reseñas-junto a las habituales comentarios de libros, música y cine-la mirada que EMILIO GALINDO AGUILAR proyecta sobre el conjunto de su propia vida y obra, en la que ocupa un lugar preeminente el diálogo con el Islam, destacando sus valores y denunciando, a la vez, las falsas o simplistas interpretaciones que con frecuencia se hacen de él

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Itinerario de la tolerancia y el diálogo

Texto itinerario de la tolerancia y el diálogo

Emilio Galindo Aguilar

Nos cabe a los españoles el alto honor de haber tenido un profundo pensador musulmán nacido en Murcia (1165-1240) que escribió uno de los textos más bellos y profundos de lo que debe ser el encuentro y el diálogo de todo creyente con los creyentes de las otras religiones. Nos referimos, claro está, a Ibn ‘Arabi. Su texto que vamos a presentar y comentar no sólo es de una gran belleza, sino que describe el itinerario que todos los creyentes deben seguir para, realmente, resolver «al modo de Dios», el problema del diálogo y la colaboración con los creyentes de otras religiones, incluso con los fabricantes de ídolos. Texto, por otra parte, que debería ponerse en el frontispi­cio de todos los Centros Teológicos, Filosóficos y Humanistas. Claro que para entenderlo y, sobre todo, practicarlo hay que pagar el precio que pagaron todos los verdaderos sufíes que en el mundo ha habido: acabar con la idolatría del «ego», ahuyentar los inconfesados miedos a los ídolos de las instituciones, sobre todo religiosas, que hemos dicho. Este es el texto:

Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y kaaba de peregri­nos, Tablas de la Ley y Pliegos del Qorán, porque profeso la religión del Amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi credo y mi fe.

El tiempo del rechazo

La constatación la hizo Ibn ‘Arabí, pero la verdad denunciada es tan antigua como los hombres de religión, de todos los tiempos y de todas las religiones:

Hubo un tiempo -confiesa lbn ‘Arabí- en que yo recha­zaba a mi prójimo si su religión no era como la mía.

El dedo en la llaga sin tapujos ni falsas caridades. Porque en ese rechazo nos sentimos señalados todos, tanto a nivel personal como comunitario. Y todos tenemos que arrancar de ahí si queremos emprender el camino hacia los demás creyentes. Reconociendo con humildad que para cada uno de nosotros también «hubo un tiempo», el tiempo del «antiguo testamento» que todos llevamos en la masa de la sangre. El tiempo del dios tribal, de mi dios mejor que el tuyo, más fuerte que el tuyo, más verdadero que el tuyo, más guapo que el tuyo… El tiempo en que la religión importaba más que Dios y, sobre todo, más que el Hombre, tan infinitamente amado y respetado por Dios y tan ultrajado, no obstante, en Su nombre. Tiempo en que los «días» sagrados (viernes, sábados o domingos), los «lugares» sagrados el monte Garizin, Jerusalén, La Meca, Roma, el Ganges…), los «ritos» sagrados (abluciones, peregrinaciones, cuaresmas, ramadanes, yom kipures,…) pasaban antes que «adorar en espíritu y en verdad». Tiempo de la «Ley» y Dios como pretexto para todo, para lo más santo y también para lo más execrable como rechazar, perseguir, despreciar, matar al ser humano por motivos religiosos, en «nombre de Dios». Tiempo de la inmadurez, en el que unos hombres, iguales a los demás, pero seleccionados por el «sanedrín» la «curia» o el «maylis», se arrogaban el monopolio de interpretar a Dios, creyéndo­se además con el derecho, en nombre de su dios, de pensar por los demás, de imponer su religión a los demás, de matar las preguntas y las vidas de los demás, de atar todas las libertades y las conciencias de los demás, de interpretar los caminos de los demás, para que nadie pudiera buscar personalmente a Dios haciendo la experiencia de Su cercanía y de Su cariño. Tiempo que Ibn ‘Arabí confiesa como algo ya terminado en lo que a él respecta, «hubo un tiempo…», pero que sigue vigente, presente, hasta hoy en día, en las personas y en las instituciones religiosas. ¡Cuánto «antiguo testamento» en quienes llenamos los templos, en quienes pronunciamos Dios! Porque el espíritu del “antiguo testamento” es crear en sus seguidores conciencia de pueblo elegido, de poseedores de toda la verdad, de todos los derechos, del camino único y de la última palabra de Dios. Para muchos, hoy todavía, el único Dios verdadero es el suyo, la única religión auténtica es la suya. Y es exactamente en el espíritu en el cual se incuban todos los rechazos, todas las cruzadas y anticruzadas, y donde se obstruyen todas las vías de diálogo y se cortan todos los caminos de encuentro. Y el Hombre siempre perdiendo, siempre manipulado, siempre explotado: aunque, eso sí, ¡en el nombre de Dios! Ojalá se nos abriera por lo menos el raciocinio y, también para nosotros, para nuestras comunidades, para nuestras religiones, nos llegara la bendición, la baraka, de poder cerrar ese capítulo de «hubo un tiempo» al que se refiere Ibn ‘Arabí y dejemos de rechazar, con la mente, el corazón y las manos, al prójimo si su religión no es como la nuestra. Pues tam­bién, asumámoslo de una vez, de este «racismo» diabólico infiltrado en las religiones emanan las restantes discriminaciones racistas que en el mundo se practican.

Un creyente jamás podrá discriminar a su hermano, por el motivo que sea. Y que se hagan vida en nosotros las palabras de ese otro gran sufí, Yunus Emre[1]:

El odio es nuestro único enemigo. Para nosotros el mundo entero es Uno. No estoy en la tierra para sembrar la guerra y la enemistad. El amor es la misión y la vocación de toda la vida. Que una única palabra pare la guerra: «Ama y sé amado». Hacia nadie sentimos odio. Todo el mundo es igual para nosotros.

El hoy de la acogida

Habiendo constatado lo absurdo de su actitud de recha­zo, fruto de un apego exclusivo a una religión que le llevaba -en el mejor de los casos- a un proselitismo contrario al Principio y con la Energía del Gran Mar en la memoria que, a través de la dura alquimia de la duda, le impele a buscar y a experimentar sin tregua, no las formas religiosas que el Mar, en su flujo, ha ido llenando, sino el propio Mar en su reflujo hacia el Origen, el sufí Ibn ‘Arabí llega a su HOY en el cual su corazón, rotas las estrecheces de su propia religión, se transforma alquímicamente desde la raíz, y con un grito, como de parto y parti­da, confiesa:

Hoy mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas religiosas.

Al corazón de «hubo un tiempo» amurallado, miope y excluyente, que veía oposición, competencia y error indiscutible en las otras religiones, le sucede ahora un corazón nuevo, transformado por lo cósmico y original, todo él sosegado, que le permite una fraternización reli­giosa más completa, y la iluminación, desde dentro, de las opacidades de las diversas formas religiosas. Un corazón receptáculo, respetuoso y sincero, de todas las formas religiosas. Al corazón de «hubo un tiempo» seguidor estricto y puntual de una religión y de una Ley, esclavo de normas y ritos, de doctrinas y ortodoxias, convencido de que sَlo en su forma religiosa había salvación y acceso a Dios, le sucede el corazón del ahora, alumbrado a la conciencia, humilde de verdad, parido a la auténtica madurez personal, a la fe-encuentro personal y comprometido con Alguien. El corazón del ahora, el de la experiencia honda y única, del acercamiento, en desnudez y libertad, al Dios Vivo y Vivificador, al Dios de la Noche oscura, pero con la certeza de un luminoso Sol central, interior e implacable que no consiente ser tergiversado. Un corazón guiado por otro Espíritu, por otra Verdad, por otra Mano, más allá de las «religiones», finalizado el momento de explicárselo y arribado el momento de dejar­se implicar. Un corazón convertido, por la gracia de Arriba y la actividad pasiva de abajo, en receptáculo de todo lo bueno, de todo lo verdadero, de todo lo justo que hay en todas y cada una de las formas religiosas; llegado, la frase escalofriante de Ibn ‘Arabí, a convertirse en receptáculo incluso de la forma religiosa de «templo de ídolos», porque ése también, como las demás formas religiosas, no es sino aspecto de insaciable Hambre y de insaciable Sed. Porque, como diría el propio Ibn ‘Arabí:

Dios, el Omnipresente y el Omnipotente, no está encerrado en ningún credo ni religión, porque donde­quiera que os volváis, allí está el rostro de Dios.

Y volviendo al templo de ídolos confesará con exacta claridad:

Cada cual reza lo que cree; su Dios es la hechura de sí mismo, y al rezar, se ora a sí mismo. Por eso, anate­matiza las creencias de los demás; lo cual no haría si fuese justo, porque el desagrado hacia la religión ajena se basa en la ignorancia.

Y no sólo en una ignorancia de doctrina sino de Dios, de experiencia ardiente de su Misterio.

Un corazón nuevo que, desde la nueva perspectiva, fruto de esa experiencia, deja de identificar ya las formas religiosas con Dios o con Su Voluntad, pues sَlo en eso consiste la idolatría. Pero, al mismo tiempo, no desprecia nada de las religiones, sino que se encuentra en solidari­dad fraterna con todas sus formas y con todos sus cami­nos, pese al grito y a la condena de los funcionarios de las religiones que siguen identificando a Dios con esta o aquella forma: pues en cada forma, en cada religión, pese a sus opacidades, pese a sus torpezas y pecados, descubre su imprescindible papel de alumbradora y pedagoga del Misterio. El texto de Ibn ‘Arabí, además de su belleza literaria, es de una hondura teológica insospechada para quien no haya hecho la experiencia de lo Hondo ni sentido la quemadura del Fuego. Por eso, liberado y seguro, Ibn ‘Arabí proclama:

Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y kaaba de peregri­nos, Tablas de la Ley y Pliegos del Qorán…

Sólo un corazón así -todo el ser transformado por la experiencia de Dios, y no única y principalmente pertre­chado de doctrinas y teologías- sabrá dialogar y convivir en espíritu y en verdad. Porque ese corazón no hablará de «oídas» ni con palabras sabias pero vacías, sino desde lo vivido, desde el reflujo irresistible hacia el Origen, desde la experiencia del Fuego. Raíz y meta de todo auténtico diálogo. No siendo así precisamente el diálogo al que nos hemos acostumbrado a llevar sólo palabras y discusiones teóricas sobre Dios, pero sin poner en común experiencias de lo divino: tal diálogo desde el espíritu y la letra en vigencia del «hubo un tiempo» es un diálogo muerto, que únicamente puede llevar a la discusión, al enfrentamiento doctrinal o al lucimiento personal: escasamente al conoci­miento del otro y raramente a la experiencia en común de Dios. Según los sufíes verdaderos, sólo al corazón así renacido se le da derecho de ciudadanía cósmica plena, bula abierta para todos los templos y ritos, dispensa para todos los credos y creencias, visado universal para ir por la creación entera con un afecto nuevo y tierno por todo, porque en todo ve huellas del Viviente, del Amado, de Dios:

En el mercado y en el claustro,

sólo vi a Dios.

En el valle y en la montaña

sólo vi a Dios.

Lo he visto detrás de mí

en la hora de la tribulación

y en los días del favor y la fortuna.

No vi alma ni cuerpo,

accidente ni sustancia,

causas ni cualidades:

sólo vi a Dios.

Abrí mis ojos,

y gracias a la luz

de Su rostro circundándome,

descubrí en todas las miradas

al Amado.

(Bābā Kuhi)[2]

Su diálogo brotará entonces como un torrente en creci­da, y lo entenderán todos, pues sus palabras no se dicen primaria y fundamentalmente desde una cultura, una filosofía o una teología, sino desde la experiencia de Dios. Su raíz es la Raíz. Porque en el grito abismal, en la soledad de dentro, en la intemperie del Espíritu, nos entendemos todos, ya que ahí recuperamos las palabras exactas de nuestra primera lengua común y la fraternidad encomendada por la Luz y el Fuego, por el Mar y Su reflujo.

Porque profeso la Religión del Amor

Sólo cuando el corazón, el ser entero, está así convertido estará por ello también en condiciones para un verdadero diálogo interreligioso. Porque sَlo entonces Dios será la raíz última, la savia única y la luz exacta que mueva a los creyentes al encuentro desde sus diferentes formas y caminos religiosos. Ya no cabrá ir en nuestros diálogos a convencer al otro ni a convertir a nadie, ni quedar diplomáticamente bien con el otro; sino a salir de nosotros y del gueto de nuestros mundos religiosos para dejarnos convencer por Dios y permitir que Dios nos convierta. Porque -y los sufíes lo tienen muy claro- una cosa es convertirse a Dios, fin principal del diálogo y otra, muy distinta y secundaria, cambiar de religión.

La raíz de esta actitud nueva, imprescindible para un verdadero diálogo interreligioso, y que con frecuencia -teste historia- las religiones olvidaron, está, según los sufíes, en el Amor. Sin el menor titubeo lo proclama como si fuese una profesión de fe, el propio Ibn ‘Arabí:

Porque profeso la religión del Amor y voy adondequiera que vaya su cabalgadura pues el Amor es mi credo y mi fe.

Para los auténticos sufíes, como para los auténticos seguidores de Jesús, el Amor es la única religión, la de todos, la de siempre, que trasciende a todos los credos y todas las formas religiosas, que reduce la división y trae la verdadera unidad entre los seres humanos: porque del Amor Divino salimos todos sin distinción y el Amor Divino no puede ser diferente ni hacer diferencias. Por eso Rumi, en total acuerdo con Ibn ‘Arabí, y sobrecogido por la misma experiencia, proclamará alborozado y libre:

Hallé el Amor

por encima de la idolatría

y la religión.

Hallé el Amor

más allá de la duda y de la realidad.

Afirmando con la seguridad que otorga lo que se ha experimentado:

Cuando uno adquiere

una cantidad infinitesimal del Amor, se olvida de ser yabri[3],

mago, cristiano o infiel.

Contagiado de Él y por El, el Amor se constituye en la única tarea de todo creyente, en su único trabajo, respecto a su relación con el ser humano y el resto de lo creado. Rumi[4] dirá:

Excepto el Amor intenso,

excepto el Amor,

no tengo otro trabajo;

salvo el Amor tierno

no siembro otra semilla.

Cuando el sufí Rumi se siente poseído por el Amor proclamará sin rubor:

Soy todo Amor,

soy todo espíritu por tu Espíritu,

estoy lleno de Amor,

encendido como un árbol en llamas.

Y, en una explosión única, -que al no iniciado, preocupado más por aquilatar ortodoxias literarias le sonará a petulancia y desatino- su comunión con el Ser profundo de todo, uniendo en sí, gracias al Amor, todas las diferencias religiosas, los setenta y dos credos, todas las sectas, el infierno y el paraíso…:

Si hay un amante en el mundo,

oh musulmán,

soy yo.

Si hay un creyente o un infiel

o un ermitaño cristiano,

soy yo.

La madre del vino, el escanciador,

el trovador,

el arpa y la música;

el amado, la vela, la bebida y la alegría del ebrio

soy yo.

Los setenta y dos credos y sectas del mundo no existen en verdad:

juro por Dios que cada credo y secta soy yo.

Verdad y falsedad, bondad y maldad,

facilidad y dificultad,

del principio al fin,

conocimiento, aprendizaje, ascetismo, piedad y fe,

soy yo.

El fuego del infierno, estad seguros,

con sus llameantes prisiones, sí,

y el Paraíso, el Edén y la Hurí,

soy yo.

Esta Tierra y el Cielo y todo cuanto contienen,

ángeles, hadas, genios y humanidad, soy yo.

Desde esa experiencia trans­­for­ma­dora, el diálogo va más allá de las palabras, y dejando el mundo frío y paralizante de las teorías y conceptos, sobre todo cuando de Dios se trata, se ahonda en el mundo del Ser y de la Energía primeros. El diálogo de las palabras no sólo resulta ya pobre sino que sobra según Rumi:

Aunque el comentario hablado aclara,

el Amor mudo es aún más claro.

Pues, lógicamente, cuando el Amor se asienta en el receptáculo humano, el diálogo del Amor es superior al de las ideas humanas:

El intelecto es ignorante

y queda perplejo

en la Religión del Amor,

aunque pueda conocer

todas las sectas de la religión. (Ibid.)

Para los sufíes, las divisiones religiosas, las diferencias doctrinales, los odios y las guerras entre los creyentes son producto, ante todo, del desamor. Las doctrinas son el pretexto. Por tanto, para volver a unir a los creyentes, el mejor diálogo es el que nace del Amor; no sólo el mejor sino el único, pues el Amor une y reúne lo disperso, cambia lo más opuesto transformándolo en bondad. Es Rumi una vez más:

A través del Amor las espinas

se transforman en rosas,

a través del Amor el vinagre

se transforma en dulce vino

A través del Amor la pira

se transforma en trono,

a través del Amor el revés

de la fortuna buena suerte parece,

a través del Amor una parrilla cubierta de cenizas semeja un jardín.

A través del Amor el demonio

se vuelve una hurí.

A través del Amor la dura piedra

se torna blanda cual manteca.

A través del Amor la congoja

es alegría.

A través del Amor se transforman

en ángeles los vampi­ros,

a través del Amor las picaduras

son como miel,

a través del Amor los leones

son inofensivos como raton­cillos,

a través del Amor la enfermedad

es salud,

a través del Amor la ira

se torna en misericordia…

Llegados aquí, el sufí se hace consciente de que el verdadero diálogo religioso, igual que la búsqueda de la Realidad, no se lleva a cabo desde fuera, desde el estudio de las formas religiosas, desde los templos y las filosofías, sino desde dentro, desde el corazón ebrio de Amor. Por ello, cuando los diálogos religiosos no arrancan de ahí, se convierten en pura verborrea que deja los corazones insensibles y a las personas tan distantes y tan extrañas… La experiencia, entre otros, de Ibn ‘Arabí y de Rumi es modélica en tal sentido y de lo más concluyente. Su bús­queda es la imprescindible pedagogía para cuantos buscan su Realidad y su real encuentro con los demás, más allá de las palabras. Rumi una vez más:

Cruz y cristianos,

de extremo a extremo, examiné:

Él no estaba en la cruz ya.

Fui al templo del ídolo,

al antiguo templo del fuego;

no hallé señal alguna allá.

a las alturas de Herat subí

y fui a Kandarar;

miré: ni en la elevación

ni en el llano estaba Él.

Decididamente escalé la cima

de la montaña de Qāf;

allá sólo estaba

la morada del ave fénix.

Me dirigí a la Kaaba

no estaba en ese sitio

frecuentado por jóvenes y ancia­nos.

Pregunté a Avicena

acerca de su estado;

se hallaba más allá de los límites

del filósofo Avicena.

Me encaminé hacia el escenario palaciego poco distante,

y Él no estaba en la eminente corte.

Escruté mi propio corazón;

y a Él vi allá dentro,

en ningún otro lugar estaba.


[1]. Uno de los grandes místicos y el mayor poeta en lengua turca (M. ~1320).

[2]. Gran poeta y sufí persa, de Shirāz (M. ~1039).

[3]. Musulmán seguidor de una escuela cuya doctrina era el determinismo fatalista.

[4]. Uno de los más grandes poetas y maestro sufí persa (M. 1273).

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